
Aminta de Lara, acrtiz y dramaturga. "El problema no está en que yo tenga que aceptar tu visión, sino en que aceptemos que hay dos".
Aminta de Lara pensó que era simplemente una licencia poética el presentar a un padre autoritario acorralado, perdiendo el control y llegando al extremo de la violencia, pero ha comprobado en estos días que la realidad puede ser peor. Golondrina, la obra que presenta en Trasnocho, los miércoles y jueves, hace un paralelo entre el abuso hacia los niños y el abuso del poder político en contra de los ciudadanos. "La gente piensa que cuando hay un caso de abuso infantil se trata de un asunto sexual y es un problema de poder, en el control sobre el más débil".
Para la actriz y dramaturga radicada en Estados Unidos desde hace unos 20 años, el pueblo venezolano ha sido un niño abusado por mucho tiempo, que ha perdido las coordenadas del agresor y proyecta la rabia en focos equivocados. La autora propone una salida ética en su obra.
-¿Es aplicable esta pieza en cualquier sistema autoritario?
-Claro. Cuando se estrenó en Nueva York (2007) estábamos en el período de George W. Bush y mucha gente entendía y asociaba todo el manejo que hizo Bush, del uso y el abuso del poder.
-Empezó a escribir esta obra en 2002. ¿Para usted, hubo o no hubo golpe de Estado contra Hugo Chávez?
-Para mí, hubo una ausencia de poder absoluto. Fue una manera muy poco clara y seria de asumir lo que había pasado por parte de la gente. Golpe de Estado fue el del 4 de febrero de 1992.
-En este momento, discutir con un chavista partiendo de ese supuesto, ya limita las posibilidades de reconciliación. Eso se ha convertido en un punto de honor para una parte del país.
-Pero es un punto de honor basado en una cosa completamente banal. Es como si yo me pusiera a discutir con un chavista si hay o no que celebrar el 4 de febrero. El problema no está en que yo tenga que aceptar tu visión, sino en que aceptemos que hay dos. Tú y yo nos deberíamos poder sentar a conversar bajo el esquema de que tú interpretas esta realidad histórica como un golpe de Estado y yo no: ahí es donde viene el respeto.
Buscando coincidencias
-Creo que todo el mundo está de acuerdo en que esas personas que se treparon en los techos (el 11-A) a caerle a tiros a la gente que estaba abajo, son unos criminales. Yo dudo mucho que alguien diga que eso no es así. Lo que tenemos que empezar a encontrar son los puntos en común, que son muchísimos más. Todos queremos vivir en paz, tener unas leyes que sean válidas para todo el mundo, un sistema judicial que funcione y todos queremos poder vivir en libertad a sabiendas de que yo no tengo por qué pensar como tú para tener privilegios.
-¿Pero entonces el meollo no está en identificar al agresor, sino en hallar los puntos en común?
-Está en hallar los puntos en común y en entender que el agresor no es un personaje en particular, sino una concepción. ¿Cómo te relacionas con el poder? ¿Bajas la cabeza o es de tú a tú? ¿De qué se trata aquello que implica que unas personas, por un lapso X de tiempo sean las destinadas, por votación popular, a regir los destinos de la patria? En Venezuela venimos acostumbrados a que eso es simple y llanamente un ejercicio en el cual un grupo toma el poder para hacerse de este junto con el botín del petróleo y definir al resto de la sociedad a punta de autoritarismo, violencia, etcétera. Eso, a mi juicio, ha llegado a un punto tan exacerbado que no nos está quedando más remedio que verlo en la punta de nuestra nariz.
-¿Entonces Hugo Chávez no es nada nuevo?
-No es nada nuevo. Lo que es nuevo es que se perdieron las formas. Debería haber un juez X que pueda dirimir si tú tienes derecho a oír música hasta las cinco de la mañana a alto volumen o yo tengo derecho a que a partir de las 11:00 o 12:00 de la noche, tú bajes el volumen. Nosotros hemos perdido la posibilidad, antes de agarrarnos por los pelos, de ir a presentar ese caso ante un juez que diga: "Las reglas del juego son estas". No es que antes era ideal, pero había un huequito. Ahora eso se acabó. Tú te vas a buscar justicia en cualquier nivel y no hay sino una decisión conveniente, y el que grita más fuerte o tiene la pistola es el que se impone.
-¿Fue necesario salir del país para verlo o fue la causa de su partida?
-Yo me fui bien golpeada. No sé si yo lloré más cuando ganó Rafael Caldera (1993) o cuando ganó Chávez (1998). Después de que veníamos todos esos años manifestándonos tan diversa y drásticamente contra el sistema, que fue la Cuarta República -que tuvo cosas maravillosas, ¡ojo!-, nosotros elegimos a uno de los representantes más puros de eso que criticábamos. Fue algo que no entendí nunca. Después vino todo el fenómeno... Yo estaba aterrada por las opiniones de mucha gente importante en torno al 4 de febrero de 1992. ¿Cómo fue que nos pareció que la figura de Chávez era algo distinto a la de un señor que había que meter preso? Tú no puedes agarrar las armas de la patria, que son las tuyas y las mías, las que hemos pagado todos, para caerle a tiros a quien a ti te da la gana porque tú crees que eres el único que sabe cómo resolver el destino de la patria.
-¿Cómo se percibe el país y su arte, en especial el teatro, desde Nueva York?
-Nosotros no somos foco de interés, es la verdad. A la gente que me acompaña, con la que comparto y hago cosas, les llama mucho la atención que no exista un teatro un poco más comprometido con lo que estamos viviendo.
-¿Qué valoración hace la artista de lo que ha ocurrido últimamente con las detenciones a diversas figuras de la oposición?
-Aclaro: Yo no estoy aquí todos los días y eso cambia un poco la percepción, pero es aterrador. Creo que deberíamos estar todos en las calles haciendo cosas, buscando resquicios donde expresarnos para decir que estamos en total desacuerdo con esto, que esto no puede seguir como está.
-¿Qué es lo mínimo que esperaría que la gente se lleve de Golondrina?
-Que se sentaran un rato y reflexionaran a ver si se pueden mirar adentro, para ver cuánto de lo que está ahí somos cada uno, cuánto de Chávez llevamos por dentro, cuánto de ese poder abusador llevamos por dentro, porque esto no nos está pasando de gratis, hay algo de todo esto que somos todos nosotros, incluida.
• Ángel Ricardo Gómez | El Universal | 2010-03-29
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