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La escena iberoamericana

México. La herencia prehispánica en el teatro actual

En este año que se conmemora el Bicentenario, diversos especialistas rescatan las aportaciones que los rituales indígenas han legado a la dramaturgia contemporánea mexicana y que se advierte en los guiones, vestuarios y escenografías.

Entre las actividades que más sorprendieron a los españoles cuando arribaron a tierras mexicanas estaban los rituales que los indígenas ofrendaban a los dioses para pedir mejores cosechas, lluvias o por la suerte de sus guerreros.

Para realizar estas ceremonias, las culturas prehispánicas empleaban guiones, vestuarios, máscaras y escenografías que para los cronistas de la época se asemejaban a lo que ellos conocían como teatro.

A cada uno de los 18 meses del Calendario Azteca le correspondía un ritual ofrendado a sus dioses, en ellos participaba todo el pueblo.

“Quizá en ninguna época de la historia de México ha habido más teatro. Aunque nadie iba al teatro como tal. La cantidad y variedad de fiestas religiosas de la época prehispánica es impresionante, sin duda mayor de la que llegó a haber en el barroco. Cada una de ellas tenía una escenografía, vestuario y un libreto a seguir. La gran diferencia, desde luego, es la función ritual de todo aquello”, asegura Pablo Escalante, académico del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Con los años, las ceremonias religiosas perduraron al mezclarse con las españolas y como resultado en la actualidad existen elementos prehispánicos que pueden verse en el teatro contemporáneo, así como en las fiestas de los pueblos.

“Sobrevive la riqueza de las máscaras y el contenido mítico, sin el cual no se podría explicar el teatro actual”, señala Luis de Tavira, director de la Compañía Nacional de Teatro del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

Las mitologías indígenas permiten pensar en un pasado anterior al siglo XVI y en una identidad nacional. Estas manifestaciones no se encuentran en estado puro, sino incluidas en el torrente de nuestra cultura: el sincretismo, comenta.

“Sí quedan vestigios de estas representaciones. La Conquista se dio en los centros de poder, como Tenochtitlan, pero en los pueblos se siguieron realizando las fiestas”, señala Martha Toriz Proenza, académica del Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Teatral Rodolfo Usigli.

Los indígenas representaban sus mitos e historias, pero no de la forma como hoy la conocemos, en donde hay un inicio, un conflicto, un nudo y un final.

“Juegos dramáticos”
Los españoles describían estas representaciones como “juegos dramáticos” que hacían reír mucho a la gente. Cuando veían que los indígenas tenían un espacio para realizar sus ceremonias hacían una analogía con lo que ellos conocían como teatro, comenta Martha Toriz Proenza.

Luis de Tavira coincide con tal apreciación: “El problema de hablar de presencia teatral en las culturas indígenas tendría dos consideraciones. La primera, sobra la posibilidad de historiografiar el teatro, problema crítico importante porque el teatro no es historiografiable. La segunda es que el marco teórico que nos hace llamar teatro o teatralidad a formas de expresión cultural, elaboradas y complejas en ciertas manifestaciones alcanza una dimensión estética”.

Se ha empleado con libertad el término historia, tanto como se usa el término teatro. Existen documentos, investigaciones, testimonios; claras manifestaciones que a la luz de occidente, con su lenguaje y marcos teóricos nombran teatro o existencia del teatro prehispánico a manifestaciones que en buena medida se hallan imbricadas en el sincretismo que se incorpora a la tradición viva, pero que originalmente no conocemos su nombre, los indígenas no llamaban teatro a sus rituales, menciona el dramaturgo.

En los testimonios de los primeros testigos que contemplaron estas formas de expresión al llegar a México se muestra una forma occidental de ver las cosas. En las Cartas de Relación de Hernán Cortés se describe Cholula, donde hay una explanada para que se celebren danzas que él llama teatro. Es decir, es la palabra occidental para llamar al fenómeno.

No había un nombre específico que equivalga a decir “teatro”, lo que sí hubo son nombres de muchas fiestas dedicadas a ciertos dioses. También, muchas representaciones que eran bailadas, danzas que se sabe tenían su nombre, apunta Pablo Escalante.

Evangelización y teatralidad
En el tomo 4 del Teatro completo de Rodolfo Usigli, el dramaturgo mexicano señala que durante los años que mediaron la Conquista y el final del siglo XVI, las representaciones religiosas ocuparon intensamente a los misioneros. Solos inicialmente y ayudados más tarde por los colegiales indios de Tlalelolco, arreglaron lentamente en lengua mexica textos evangelizadores de sus misas.

Al respecto, De Tavira apunta: “En la evangelización hubo dos recursos relacionados con la teatralidad. Uno, claramente sacramental, vinculado al bautismo donde se despliega un espectáculo en tres lenguas: latín, castellano y náhuatl. Ésta es la tendencia franciscana desde su llegada a México, donde propusieron el sincretismo entre mundos incomprensibles. Otra, el teatro didáctico de los jesuitas, claramente ilustrador y educativo, sumamente eficaz a través de formas dramáticas muy ágiles que fueron prácticas y eficaces para conseguir la cristianización de un territorio vasto y diverso, en el sentido del entorno cultural que se pretendía plasmar con la evangelización”.

Dramaturgia en las fiestas
Tres de las ceremonias prehispánicas más importantes eran: Atlcahualco, Tlacaxipehuliztli, Tozoztontli. En el primer rito el vestuario y maquillaje de los menores consistían en adornos de piedras preciosas, papeles rojos, blancos, negros con rayas de tinta colorada, papeles rayados con aceite, papeles la mitad colorados, la mitad leonados; mantas, taparrabos y cotaras labrados, alas de papel y las caras pintadas con aceite y en medio de las mejillas un redondel blanco.

La ceremonia era representada al aire libre, en los patios de las casas y palacios, así como en las cumbres de los montes.

Tlacaxipehualzitli estaba dedicada al dios Xipe Tótec, en ella se pedía que al llegar la primavera a la tierra se cubriera con una nueva capa de vegetación. En estas fiestas, los mexicas sacrificaban esclavos y cautivos. El vestuario empleado por los sacerdotes consistía en un atuendo de lobo o puma, atavíos verde, blanco, amarillo y colorado; el de los cautivos era maquillaje con rayas de dos colores; y el de los guerreros estaba constituido por dos disfraces de águilas y tigres”, explica Toriz Proenza en su libro.

Las ceremonias eran representadas al aire libre, en el atrio del templo, las calles del pueblo y el exterior de las casas de los cautivos.

Tozoztontli estaba dedicada al dios de la lluvia, Tláloc, ahí participaban las personas ligadas a los cultivos de las flores, los niños menores de 12 años y sus padres. La vestimenta de los indígenas era de papeles teñidos a rayas con hule derretido.

• Emiliano Balerini Casa | Milenio | 2010-04-18


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