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La escena iberoamericana

Colombia. Director de Teatros Julio Mario Santo Domingo quiere convertirlos en punto de referencia

Dos semanas después de haber asumido su cargo, Ramiro Osorio ya había armado un cronograma de presentaciones de altísimo nivel para sus escenarios.

En estos escenarios estarán el cantautor uruguayo Jorge Drexler, la cantante peruano-mexicana Tania Libertad, la legendaria compañía andaluza La Cuadra de Sevilla y, para rematar, el célebre director de orquesta Daniel Barenboim.

"Ramiro es un hombre de ideas grandes", dice David Melo, ex director de Cinematografía y miembro de su equipo actual.

Fue Osorio, al lado de Fanny Mikey, el creador y director de un proyecto que parecía una utopía: el Festival Iberoamericano de Teatro. "Desde el principio pensamos que íbamos a hacer algo que cambiara la vida de Bogotá", recuerda Osorio, tan ambicioso y visionario con sus proyectos como la misma Mikey.

En 35 años de carrera, el nuevo director de dos de los teatros mejor dotados de Bogotá se ha desempeñado brillantemente como político -fue director de Colcultura y Ministro de Cultura-, gestor, administrador y director de certámenes culturales de gran envergadura en Colombia, México y España.

Después de trabajar como director del proyecto ARTeria, de la Sociedad General de Autores y Editores de España (SGAE), y de decirle no a la dirección del Festival Iberoamericano de Teatro 2010, Osorio se ha propuesto una meta enorme: convertir estos dos teatros en "referencia" en América Latina y sacar adelante su modelo de gestión.

Modelo sostenible
"Estoy aquí porque es la primera experiencia en Colombia de un proyecto público-privado en cultura de grandes dimensiones (...) El reto está en armar un modelo de corresponsabilidad para que el complejo teatral sea sostenible tanto social como económicamente", dice Osorio.

El arte del teatro fue la génesis de su talento en la gestión. Estudió dirección y literatura en la Universidad Javeriana, donde tenía su propio grupo. A comienzos de los 70 fueron invitados a México para una gira de una semana, de la que se encargó Osorio con tanto éxito que terminaron quedándose tres meses en ese país y otros tres en Centroamérica.

"Porque es un artista, él conjuga su pasión por el arte con una gran capacidad administrativa y política. Como ministros de cultura hemos tenido sociólogos, intelectuales y gente que viene de otras disciplinas, pero creo que él demostró que cuando un artista tiene una vocación de gestión y de emprendimiento, con un olfato político, es una moñona para la cultura", asegura Clarisa Ruiz, directora de Artes del Ministerio de Cultura, que trabajó con él en el Iberoamericano.

La gira en México le abrió las puertas. A Osorio lo enviaron a crear una casa de cultura en León, en el estado de Guanajuato. Su gran responsabilidad, sin embargo, llegó cuando el poeta y promotor cultural mexicano Víctor Sandoval lo nombró coordinador general de la Muestra Nacional de Teatro de México, gracias a la cual aprendió a conseguir financiación y viajó a todos los rincones de ese país para conocer cómo era la realidad de las agrupaciones.

Sandoval le enseñó que los artistas "son sagrados" y la importancia de ser audaz, creativo y realista. Le decía: "Usted corra que yo lo tranco". Una frase que se volvió, desde entonces, en el lema de Osorio: "He trabajado así con mis equipos. Creo que tengo talento para escoger la gente buena. A cada uno le pongo la pista y lo dejo correr".

Así lo ratifica Carlos José Reyes, dramaturgo e historiador, a quien Osorio nombró director de la Biblioteca Nacional. "Él impulsaba la creatividad y la iniciativa de cada uno de nosotros hasta donde alcanzara el presupuesto, y era ahí cuando ponía límites, pero estos límites fueron mucho menores durante sus etapas de gestión, ya que tanto en Colcultura como en el Ministerio logró conseguir recursos muy superiores a los que tuvieron los otros encargados de estas entidades".

Osorio es un hombre metódico y organizado. "Es perfeccionista al máximo, no sólo en los montajes cuando es director, sino cuando trabajaba con nosotros en el festival y hasta en su propia casa", afirma Ana Marta de Pizarro, amiga y directora del Festival Iberoamericano.

Eso le viene de familia. Su padre, Ramiro Osorio, fue un destacado químico y un hombre severo. "Nos enseñó 'no prometan lo que no van hacer; tengan la absoluta medida de su capacidad'".

Osorio no es de los que abandonan un proyecto hasta no dejarlo bien hecho: "Aspiro a que en un año este sea un teatro de referencia y a que en tres o cuatro hayamos podido consolidar este modelo de manera virtuosa". Pero también aspira a algo más profundo: a que la gente se adueñe de los teatros como si fueran propios, que al comprar sus boletas piensen en que así garantizan su existencia.

Reflexiones sobre Colombia y su cultura
Ramiro Osorio, que trabajó como director de Colcultura y ministro de Cultura en las administraciones de César Gaviria y Ernesto Samper, respectivamente, habla sobre la importancia de la cultura en un país como Colombia.

"No se trata solo de fomentar la creación y la diversidad o de cuidar el patrimonio. Para reconstruir de verdad este país, el escenario de la cultura, desde mi punto de vista, es el único que puede reunir a todos los actores de este conflicto y ponerlos a dialogar porque nosotros no tenemos diferencias fundamentales en cultura, eso es una fortaleza de este país.

"La cultura toma en Colombia unas dimensiones verdaderamente estratégicas y, como todas las cosas estratégicas, hay que invertir en ella. Lo que se invierte en cultura se multiplica de manera extraordinaria".

Acerca de las falencias que tiene la ley para promover la canalización de dineros privados para la cultura asegura: "Falta una verdadera ley de incentivos tributarios. Es una tarea ingente que el nuevo Gobierno debería tomar como bandera, que permita la corresponsabilidad en materia cultural".

En cuanto a la reciente decisión del Congreso de quitarle a la Red de Bibliotecas Públicas los 15 mil millones de pesos anuales que garantizaban su subsistencia afirma:

"Me parece un despropósito que se le quite apoyo a un sector de la cultura que ya ha ganado su lugar merecidamente. Es absolutamente implanteable. Los promotores de esa idea lo que tendrían que buscar es que al deporte se le creen unas condiciones, como las que ya se les habían diseñado a las bibliotecas".

¿Cómo es el modelo de gestión?
Los Teatros Julio Mario Santo Domingo se sostendrán a través de tres vertientes: los aportes de la ciudad, de los cogestores, las donaciones y los mecenazgos (hay ejemplos en los grandes teatros del mundo: el Metropolitan Opera House, el Kennedy Center, el Teatro Real de Madrid, el Liceu de Barcelona); la venta de boletas, de servicios, de alquileres y mercadeo, y la última, con patrocinios, algunos grandes y permanentes y otros por temporadas.

"Ningún teatro en el mundo sobrevive de boletería ni de venta de servicios", dice Ramiro Osorio, director general de estos espacios ubicados en el norte de Bogotá, y pone un ejemplo: "En el 2008, el Metropolitan Ópera House vendió 700 y tantas mil boletas, con las que pagó el 39 por ciento de sus gastos. Ahí es donde tienen que entrar las otras partes. Aspiramos a que aquí los aportes de carácter público y los cogestores alcancen para un 40 por ciento".

• Paola Villamarin | El Tiempo | 2010-07-05


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