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La escena iberoamericana

Argentina. José Miguel Onaindia: "No hay que confundir cantidad con logros"

El director del Centro Cultural Rojas analiza la gran oferta cultural de Buenos Aires, cuya conocida variedad contrasta con la disímil respuesta del público que recibe.
Abogado, director del Instituto Nacional de Cinematografía entre 2000 y 2001, José Miguel Onaindia está desde marzo de 2007 al frente del Centro Ricardo Rojas. En tal carácter, es también el coordinador cultural de la Universidad de Buenos Aires, de la que depende el Rojas y, por lo tanto, tiene a su cargo la orquesta, el coro y el ballet folklórico universitarios. Onaindia define el Rojas como "lugar de importancia contemporánea y de valor simbólico en la Buenos Aires cultural. Un centro donde se crea, se produce, se capacita, se experimenta y hasta se resisten vicios culturales como el más de lo mismo, la falta de debate y aquellas expresiones artísticas que no signifiquen innovación o ruptura", reseña. Y es, además, el espacio por donde pasan unos 15 mil alumnos por cuatrimestre, desde jóvenes a adultos mayores, sin formación universitaria previa, que hacen talleres, encaran acciones culturales y obtienen capacitación para el trabajo con disciplinas como informática, idiomas, artesanía, tango, etc. Y que, según el director del Rojas, se enganchan, tarde o temprano, en algunas de las propuestas más sofisticadas del centro.
Antes de tomarse vacaciones, Onaindia dialogó con LA NACION sobre un fenómeno particular y actual. Se habla con frecuencia de la exuberante cantidad de hechos y actos culturales que tienen lugar en Buenos Aires. Pero ¿qué sucede con esa modalidad, abordada con avidez y pasión, cuando no es acompañada por la respuesta de público necesaria? Sobre el tema tiene una mirada precavida.
"No diría que es excesiva, pero sí que existe una desproporción significativa entre la cantidad de producciones culturales y el número de quienes pueden disfrutar de esa producción. No hablo de los marginados de una vida digna que, para colmo de males, también están marginados de la cultura. Pienso en quienes, por posibilidades económico-sociales podrían tener un acceso, pero tampoco lo tienen porque son hijos de la profunda crisis educativa.Y porque se ha debilitado, hasta casi perderse, el ideal de la persona que era versada en algo. La aspiración actual pasa por lo material, por el éxito", entiende Onaindia, para quien en esta cuestión es básica la responsabilidad que le cabe al Estado. "Un Estado que invierte generosamente en el fomento de artes y espectáculos, aunque sin preparar previa y adecuadamente a la ciudadanía para que pueda disfrutar de esos bienes."
Onaindia se manifiesta gozador de una ciudad tan especial como Buenos Aires, pero a la vez se permite ser crítico de algunas de sus tendencias y modas, como hechos culturales que se superponen, festivales temáticos que se duplican en fechas idénticas y una oferta increíble de entretenimiento que alardea de única, pero que no tiene una respuesta plena.
Nacido a mitad de la década del 50, tiene información de aquella Buenos Aires que, al igual que ahora, le ofrecía enorme espacio a la cultura (en especial al cine y al teatro) pero que, a diferencia de lo que sucede hoy, obtenía un respaldo de público verdaderamente masivo. Observa Onaindia que este desequilibrio entre cantidad de acciones culturales y una limitada respuesta popular se viene enfatizando a partir de la crisis de 2001 "como una manera de recuperar cierta autoestima perdida. Es como decir: nos va bastante mal en muchas cosas, pero tenemos una de las carteleras de espectáculos más nutridas y variadas del mundo. La realidad es que la cantidad no indica nada decisivo; es apenas un número".
Onaindia piensa que debería corregirse ese "discurso político-social exitista que confunde cantidad con logros y que sólo contribuye a conferirle carácter de marcador deportivo al acontecimiento cultural".
En su condición de docente de Derecho, donde da los seminarios de final de carrera, experimenta una situación llamativa: la mayoría de los inminentes abogados nunca fue al teatro o jamás completó la lectura de un libro de ficción. Si bien no tienen la obligación de hacerlo, lo que le llama la atención a Onaindia es la falta de inquietudes. "Hay que entenderlos, llegan a la universidad con una muy deficiente preparación educativa", apunta.
Pero como sí, en cambio, conocen mucho de actualidad televisiva, Onaindia llega a la conclusión de que el tema de los medios es central. "Para 2008 me gustaría proponer contenidos generados en el Rojas a algún canal de aire. Yo me formé en la década del 60, con cosas de la TV que me incentivaron. Recuerdo un programa como Las grandes novelas , que dirigía Sergio Renán, que me condujo a muchas lecturas." Para explicar que un ciclo como Gran Hermano sería diferente si tuviera otros contenidos, cuenta una experiencia teatral de este año auspiciada por el Rojas. Una obra llamada Interiores , dirigida por Mariano Pensotti, que se desarrollaba a la manera de un reality en un edificio contiguo al centro, donde se "exhibía" la vida de varios vecinos.
¿Cuál sería la postal cultural más representativa del momento?, le pregunta LA NACION a Onaindia y él responde: "No hay en la actualidad una foto aglutinadora. Ya no existe una calle Lavalle repleta de espectadores cualquier sábado a la noche ni una avenida Corrientes atestada de teatros. Ahora tenemos una gran segmentación y eso impide una elección clara. Lo que sí advierto es que entre las distintas manifestaciones hay vínculos amables con posibilidad de cruce o de interacción. Y en esos cruces anda también el Rojas".

• Carlos Ulanovsky | La Nación | 2008-01-27


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