Muchos recordaban al Festival Teatro de las Naciones de 1993, como la mayor cita internacional de las artes escénicas en el país, hasta entonces la única. En términos numéricos, porque tuvo 27 visitas foráneas venidas de 4 continentes. Ahora el XV Festival Stgo. a Mil se acaba de erigir como la mayor fiesta mundial del teatro en Chile, si se la mide con la vara de la calidad. Durante enero ofreció 18 espectáculos de 13 países, de los cuales 8 resultaron de nivel admirable o de real excelencia (contra no más de tres, hace 15 años). Un balance excepcional, sin duda.
Y eso que el Festival alcanzó el 2007 una cota que se creyó insuperable por la presencia de Peter Brook, Pina Bausch y La Pequeña Gigante. La proporción positiva del recuento habla muy bien de la perspicacia selectiva de sus organizadores. La interrogante futura es si Stgo. a Mil podrá mantener esa curva ascendente de progreso y de éxito.
Quienes no confiaron en el Festival, teniendo el tiempo y los medios, nunca sabrán lo que se perdieron. Entre ellos, la clientela habitual del Teatro Municipal, que no se dejó entusiasmar por los dos imperdibles absolutos que se dieron allí: la maravillosa versión rusa de "Noche de reyes" (sólo 2.000 espectadores en cuatro funciones) y "Arlequín, servidor de dos patrones", un auténtico 'clásico' de las artes de la representación.
Ver ésta, con su sabor al teatro que se hacía hace medio siglo, fue de primera importancia cultural. Pero, aunque era la estrella de Italia, el país invitado de honor este año, otra de sus cinco propuestas asombró por razones diametralmente opuestas, el carácter innovador de la sobrecogedora "BR#04 Bruxelles", exponente de una nueva forma de arte aún sin nombre. Aparte de "Noche de reyes", la nutrida programación de Europa del Este –6 países– tuvo puntos altos también en Eslovenia, cuyo "Eduardo II" mostró el brillante nivel de su teatro; y Letonia, con su entrañable e hiperrealista "Sonja". Todo un acontecimiento significó la extensa versión teatral de la novela póstuma de Roberto Bolaño, "2666", tarea de rasgos titánicos que acometió con rigor y talento el Teatro Libre de Barcelona.
De Sudamérica destacaron la argentina "La omisión de la familia Coleman", por su extraordinaria ejecución coral, y sobre todo la estremecedora propuesta brasileña de "El libro de Job", uno de los mayores logros del teatro de este continente en 15 años que, inexplicablemente, tuvo sólo 6 funciones (que pudieron ver 300 personas).
La sección de danza, con sus cuatro títulos entre discutibles y mediocres, no estuvo tan asertiva en su programación; se echaron de menos los soberbios aportes de Japón, ausente por primera vez en años. El XV Festival Stgo. a Mil no contempló esta vez estrenos nacionales, una buena opción que ayudó a despejar el panorama, y redobló sus esfuerzos por incorporar a la fiesta teatral al gran público, con presentaciones gratuitas en distintas comunas de Santiago y regiones, incluso de las mismas obras que ocuparon el Municipal.
• Pedro Labra Herrera | El Mercurio | 2008-01-28
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