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La escena iberoamericana

Argentina. Un nuevo amanecer

LA NUEVA SEDE DEL CELCIT EN ARGENTINA.
Que los milagros acontecen, no es algo sencillo de demostrar. Tampoco imposible. Y el teatro es, entre los lugares propicios para lo asombroso, un escenario privilegiado.
No se trata en este caso del milagro poético que genera un espectáculo logrado; ni del que permite que el héroe muera al final de una función para resucitar al comienzo de la siguiente. Pero no deja de ser un milagro del teatro que la filial argentina del CELCIT (Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral) haya perdido su sede en 2007 y en menos de un año haya encontrado otra mejor gracias a la solidaridad activa y eficaz que despertó en la comunidad teatral del país y del exterior la noticia de su inminente desalojo.
En el subsuelo de un edificio del barrio de Montserrat, donde todo está a punto para la reinauguración en abril de 2008, Carlos Ianni, el director de CELCIT-Argentina y principal impulsor de la gesta -junto a Juan Carlos Gené, su presidente- revela sin exitismo y con el bajo perfil que caracteriza toda su trayectoria, algunas de las claves que permiten comprender por qué, en medio de las dificultades históricas que debe enfrentar cualquier proyecto cultural y social en América Latina, fue posible revertir una instancia crítica hasta convertirla en un despegue y una apuesta al crecimiento. O mejor, revertir la crisis local que aparecía como remezón de un temblor anterior. Porque el edificio de la calle Bolívar al 800, donde el CELCIT-Argentina tenía su sede desde hace 14 años, tuvo que ponerse a la venta en 2007 como consecuencia del endeudamiento de su propietario. Que no era otro que Luis Molina López, director del CELCIT-España, quien batallaba por su parte contra los molinos de viento en su propia tierra manchega, intentando levantar de las cenizas –reales, no metafóricas- a que había quedado reducido el Teatro La Veleta tras el incendio que lo convirtió en escombros en 2005. Pero las cadenas de correos electrónicos terminaron logrando adhesiones y la mala fortuna de dos teatros hermanos, a uno y otro lado del Atlántico, devino finalmente no sólo en la recuperación del ámbito perdido sino en la confirmación –por si alguna duda quedaba- de que uno y otro son necesarios al punto de movilizar voluntades con la terquedad de los convencidos. La noche había pasado. Hoy, el CELCIT-España ha vuelto a abrir las puertas de su teatro La Veleta, en las afueras de la muy clásica y teatral ciudad de Almagro, en Castilla- La Mancha; y el CELCIT-Argentina acaba de hacer lo propio en el reciclado sótano de un edificio de principios del siglo pasado, en el 431 de la calle Moreno, en la ciudad de Buenos Aires
UN NUEVO AMANECER
Con el estreno de “Factor H”, la trilogía que escribió y dirigió Juan Carlos Gené y de “Los ojos abiertos de ella”, de Raquel Diana y “Las mujeres entre los hielos”, de Agustina Muñoz, ambas dirigidas por Ianni, el CELCIT-Argentina inicia la temporada 2008 con el vigor y la proyección a futuro propios de todos los alumbramientos. Pero el trabajo de parto fue difícil. “Estábamos en plena etapa de adecuación a la dura normativa de la Ley de Teatros independientes –evoca Ianni- y ya estaban contratados los trabajos para cambiar la instalación eléctrica y el sistema de ventilación exigido en la sala de Bolívar. Los operarios iban a empezar a las 10 de la mañana del 8 de enero, pero apenas dos horas antes recibimos un correo electrónico de Luis Molina donde nos comunicaba que se veía obligado a vender la propiedad. Entonces, levantamos la segunda parte de la temporada 2007 y nos pusimos a pensar qué hacer”.
- Parece que pensaron e hicieron. Con dinamismo y sin dejarse ganar por la frustración.
- Fue complicadísimo. Pero teníamos las pilas para volver a empezar. Eso sí, decidimos probar si a la gente le importaba que volviéramos a empezar. Porque si no había interés de nada hubiera servido ninguna acción. Pero empezamos a recibir una cantidad sorprendente de adhesiones. Y eso era un aval muy significativo, para nosotros, a la hora de pedir apoyo en instituciones oficiales.
- ¿Qué pidieron y qué obtuvieron?
- No pedíamos plata sino un lugar para seguir con la actividad. Pensábamos que el Gobierno podía asignarnos un espacio en comodato. Además, apelamos a la gente y la gente respondió con varios miles de adhesiones y con donaciones. Hubo muchos grupos donaron el producido de una o más funciones; maestros que donaron sus honorarios por las clases en los talleres. Se hicieron más de cien funciones a beneficio, en Buenos Aires, en el interior y aun fuera del país. Recibimos ayuda de gente que no conozco, que no he visto jamás lo que hacen. Eso me resultó conmovedor. Además, hubo actividades del CELCIT a beneficio de la nueva sede, en las que los artistas y docentes también donaron lo recaudado. Y tuvimos también recursos provenientes del Instituto Nacional del de Teatro, de Proteatro, del Fondo Metropolitano de Cultura, del Fondo Nacional de las Artes, de Diputados de la Nación y, cosa insólita, hasta de la Presidencia de la Nación. En cambio, no nos ayudó el Ministerio de Cultura de la Ciudad. Pero en fin, más allá del desgaste que significó todo esto, me sigue sorprendiendo el resultado. Me sigue pareciendo un milagro todo. Incluso, que hayamos encontrado este lugar.
- ¿Cómo lo lograron y en qué condiciones?
- Este es un edificio construido a principios del siglo pasado para una empresa exportadora de cereales. Y el subsuelo que ahora ocupamos fue originalmente la imprenta de esa empresa, hasta que en los años 70 pasó a ser un depósito y cuando nosotros entramos estaba abandonado y lleno de basura. Lo que hay ahora, salvo la estructura de medianeras, vigas y columnas, fue demolido y levantado de nuevo en función del uso.
- ¿Quién es hoy el propietario?
- Actualmente lo ocupa FECIC (Fundación para la Educación, la Ciencia y la Cultura) entidad creada por los discípulos de Bernardo Housay. Yo llegué acá por primera vez, a conocer el lugar, en enero de 2007, y cuando dije lo que buscábamos encontré que les interesaba nuestro proyecto. Planteamos nuestras necesidades y condiciones: dado que debíamos realizar una inversión muy grande, necesitábamos contar con contrato largo. Y se acordó inicialmente por 10 años. Pagaremos un porcentaje de los ingresos por espectáculos y cursos además de un seguro mensual. Como contrapartida, les pedí ayuda para la inversión que teníamos que hacer y como no podían ayudarnos con dinero, cedieron durante los primeros cinco años parte de su porcentaje y su seguro.
- ¿En qué medida este espacio representa una mejora con respecto a la sede anterior?
- Pasamos de 125 metros cuadrados a 520, en dos plantas. La sala tiene capacidad para 112 localidades en un espacio polivalente, para dos frentes de espectadores pero puede tener tres y ofrecer muchas otras posibilidades. Ahora tenemos una sala de ensayos de 60 metros cuadrados, una galería para exposiciones, dos camarines amplios, una cocina, un depósito, una sala de reuniones o aula pequeña, dos oficinas y una cabina de sonido que se armó con materiales de la sala anterior. En cuanto a las luces, pasamos a tener consolas programables.
- ¿El nuevo espacio condiciona la actividad de manera diferente?
- Este será un año de transición y reacomodamiento a la nueva realidad. Los programas de trabajo, en principio van a seguir siendo los mismos: producir espectáculos, traer compañías de América Latina, dictar talleres, publicaciones. El tema es ver qué nuevas posibilidades nos permite el lugar. Pero lo esencial de nuestros objetivos seguirá siendo los mismos, acaso con algo más de ambición, como traer más y mejores compañías extranjeras o hacer alguna producción más. Habitualmente y haciendo un gran esfuerzo todos los años hemos tenidos dos o tres compañías latinoamericanas en escena. Eso lo vamos a seguir haciendo, aunque las temporadas internacionales nos obligan a suspender nuestras propias producciones. Esta temporada las obras de Juan (Gené) y mías estarán en cartel hasta junio, cuando comience el Festival de Títeres para Adultos. En julio se estrenarán las producciones de la segunda parte del año hasta que, en octubre, lleguen José Sanchís Sinisterra, de España, con “Carta de La Maga a Bebé Rocamadour”, de Cortázar; Gustavo Ott, de Venezuela, con “Passport”; el también venezolano Juan Carlos De Petre con “ConTemplo” y el narrador chileno Carlos Genovese con “Valparaíso no existe”, del mismo Genovese y Jorge Díaz. En noviembre repondremos las cosas que mejor anduvieron o más interesan.
EL TEATRO IBEROAMERICANO Y EL DESTINO PERSONAL
Hoy el CELCIT tiene una actividad múltiple e intensa, que Carlos Ianni conduce, secundando a Juan Carlos Gené, junto a un increíblemente minúsculo (en número, no en fervoroso compromiso) equipo de seis personas: Teresita Galimany, sus hijos Soledad y Pablo, Solange Krasinsky, Claudia Quiroga y Annie Stein. “Tengo la fortuna de poder dedicarle al CELCIT todo mi tiempo porque me acompaña en esto mi grupo familiar. Siempre me consideré un privilegiado porque desde los 19 años, cuando entré al teatro Payró a estudiar con Jaime Kogan, me dedico al teatro, que es lo que más me gusta hacer. Mis hijos se criaron en teatros, acompañándome donde yo tuviera que estar. Tanto es así que yo pensaba que cuando crecieran se dedicarían a cualquier otra cosa menos al teatro. Sin embargo, mi hija, Soledad, hizo la carrera de dirección de fotografía cinematográfica y mi hijo, Pablo, que parecía apuntar a la informática y computación, un día nos dio la sorpresa de decirnos que su vocación pasaba por la música. Hizo la carrera en la Escuela de Música Popular de Avellaneda. No escarmientan.”
Cuando los ejemplos paternos son fuertes sólo caben la rebeldía para enfrentarlos o la pasión para seguirlos. Y Carlos Ianni, que consiguió despertar en Pablo y Soledad la segunda de esas respuestas, empezó como un niño con natural inclinación artística y especiales dotes para las artes plásticas. Claro que al llegar a la adolescencia, el compromiso con su familia suponía que había que estudiar una carrera universitaria y que las artes podían ser aceptadas como un hobby. “Empecé arquitectura, después pasé a Filosofía y Letras y dejé cuando en el 75 se intervino la universidad. Ahí conté con el apoyo de mi abuelo materno y empecé a estudiar bellas artes. Pero me fui dando cuenta que la creación en soledad me costaba muchísimo, no me sentía bien. Prefería juntarme con otros pintores en el mismo espacio físico porque si no, no podía. Hasta que descubrí el teatro, de manera casual y por seguir a una señorita. Fue todo un descubrimiento: ahí me estaba esperando mi verdadero mundo. Empecé a estudiar con Kogan: dos clases semanales de actuación y un día de taller. Al promediar segundo año comprendí que mi timidez era un obstáculo. Tenía 19 años. Y Jaime me hizo notar que lo que yo mejor hacía era proponer esquemas de dirección y puestas en escena. Seguí en el Payró trabajando en lo que fuera necesario, como ocurre siempre en el teatro independiente, hasta que a fines del 75, el elenco salió de gira y me dejaron a cargo de todo. Cuando volvieron ya era plena dictadura, por lo que Jorge Goldenberg no pudo regresar; Berta, su esposa, tampoco; a Jaime lo fuimos a buscar a Ezeiza porque no sabíamos qué podía pasar cuando llegara. Y seguí manejando el Payró.
- Durante la dictadura militar, ¿qué episodios le tocó afrontar como teatrista?
- Recibíamos muchas amenazas telefónicas, recuerdo la arremetida para privar al Payró de su sala, recuerdo las bombas de Gamexane contra “Boda blanca”, el espectáculo de Tadeusz Rosewicz que producíamos en la Sala Planeta, con dirección de Laura Yusem.
- ¿Cuándo empieza a trabajar en el CELCIT y cómo fue tu trayectoria dentro de él?
- Yo llegué al CELCIT en el año 81, cuando estaba buscando ayuda para seguir con “Boda blanca”. Fui a ver a Francisco Javier y ahí conocí al CELCIT. Francisco consiguió que me picara el bichito y en el 83, en ocasión de un encuentro regional de investigadores de la historia del teatro, ingresé definitivamente. El asunto me apasionaba, me fui involucrando cada vez más. Empecé a ver seguido a Juan Carlos Gené y en el 87 Francisco me ofrece la dirección de la filial Argentina del CELCIT.
- ¿Los objetivos del CELCIT en los primeros años eran los mismos que hoy?
- Sin duda. Y el objetivo central de facilitar el diálogo y el intercambio teatral iberoamericano fue una idea a la que adherí de inmediato. Desde hace más de treinta años es la única institución independiente, no gubernamental y sin fines de lucro al servicio de la comunidad teatral de América latina, España y Portugal, que ofrece un espacio para la creación, para la investigación, para la formación y para la difusión de las artes escénicas iberoamericanas en el mundo.
- ¿Hay diferencias estéticas o ideológicas entre las distintas filiales del CELCIT?
- No. Las diferencias tienen que ver más con el tiempo que con la geografía. Son los cambios que produce el crecimiento.
TODO EMPEZÓ EN EL CARIBE
Cuenta Ianni que en los antecedentes del CELCIT estuvo la Federación de Festivales de Teatro de América Latina, con sede primero en Puerto Rico y después en Venezuela. “Eran los años 70, cuando surgen los primeros festivales de teatro de América Latina. Manizales empieza con Carlos Ariel Betancourt como director de un festival de teatro universitario; Luis Molina fundó el de Puerto Rico y Carlos Giménez, el de Caracas. Los tres conforman la Federación, ya que tenían objetivos muy similares. Cuando la cosa se pone difícil en Puerto Rico, con el tema de inmigración, trasladan la sede a Caracas. En el 75, el Ateneo de Caracas convoca la primera reunión de dirigentes culturales de América Latina. Una de las recomendaciones de la comisión de teatro fue la creación de un organismo que se abocara a los objetivos teatrales que hoy lleva adelante el CELCIT. Esa iniciativa del Ateneo de Caracas derivó en la fundación del CELCIT, que nombró a Luis Molina como director junto a María Teresa Castillo a cargo de la Presidencia. Al comienzo, el CELCIT fue una dependencia del Ateneo de Caracas. Hoy, en la capital venezolana, funciona en el espacio donde Gené fundó y dirigió el Grupo Actoral 80, que sigue activo. Y en el año 79 se da el puntapié inicial de la sede argentina. Eran los años de las dictaduras en casi toda América Latina y se estaban dando los primeros pasos para poner a la gente del continente en contacto entre sí. Hace algunos años hicimos un congreso de filiales en Buenos Aires, donde una de las preguntas era si los objetivos originales del CELCIT seguían siendo los mismos o había que replanteárselos. Y la respuesta era que seguían siendo los mismos. Porque si bien la realidad en cuanto al diálogo y vinculación había mejorado, todavía seguía siendo necesario. Así, una vez definido eso, uno de los pasos siguientes y fundamentales fue restablecer las relaciones teatrales con España, que pese a tener una historia y una lengua común, todavía parecía que faltaba más intercambio y se hizo mucho para eso.”
- ¿Cuándo se crea la sede española del CELCIT?
- Hubo una institución previa, el CERTAL (Centro Español para las Relaciones Teatrales con América Latina), creado por Pepe Monleón y Nuria Espert, que buscaba vincular el teatro de España con el de América Latina. En el 91 decidimos trasladar a España, por motivos estratégicos, la dirección general del CELCIT: advertíamos que España era la puerta de entrada de los espectáculos latinoamericanos a Europa.
- En este momento la relación económica y política de los países latinoamericanos aparece cada vez más necesaria. ¿Eso influye en los objetivos y actividades del CELCIT?
- Es cierto que hay acercamientos y vínculos que se vuelven más fluidos. Pero el Mercosur, que sería el ámbito natural para dinamizar esas relaciones, es un espacio en el que la actividad teatral y la cultura en general prácticamente no existen como objetivos.
- ¿Qué vínculo tiene el CELCIT con Cuba, donde la cultura y la educación son políticas de Estado?
- Mantenemos una relación muy rica. Mientras vivía Raquel Revuelta era ella nuestra representante. Casa de las Américas fue siempre y sigue siendo nuestra institución hermana en Cuba. Coincidimos en objetivos y el intercambio ha sido siempre muy fluido.
- ¿No se ve la posibilidad de crear alguna nueva sede en otro país?
- Ha habido intentos aislados que después del entusiasmo inicial se desvanecen. Y esto es natural, salvo que uno haga pasar su vida toda por la actividad. Personalmente, creo que es la única manera. Interés hay, pero no termina de prender.
PROYECCIONES Y PRODIGIOS
Desde sus orígenes caribeños, el CELCIT ha atravesado las dificultades y los vaivenes de un continente en esforzado crecimiento. Y puede decirse sin modestia –aun contra la voluntad de Carlos Ianni- que la sede argentina no sólo no ha bajado la guardia ante un abanico de obstáculos históricos y coyunturales sino que se ha posicionado como un faro solidario y movilizador desde su ubicación, al sur del sur del teatro iberoamericano. Y se proyecta con un vigor que no puede disimular ni su más discreto conductor. Al punto que la labor del CELCIT ha sido declarada de interés cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires y sus realizaciones artísticas, editoriales y de investigación han merecido más de una veintena de premios y nominaciones. Es la cosecha de la pasión, el compromiso y el trabajo. Aunque a Ianni lo sorprenda como si se tratara de un milagro.
- ¿Con qué países de Latinoamérica tiene el CELCIT local un ida y vuelta más fluido?
- Con Uruguay, Chile, Brasil y Venezuela en América Latina. Ahora, en lo que hace a nuestros talleres, siempre están llenos de gente de todo el continente y no sólo de esos países sino también de Cuba, de México, de Ecuador, Perú. Y cuando son talleres intensivos hay más gente de afuera que de adentro. En la Revista, el intercambio con periodistas, investigadores es continuo y va aun más allá de América Latina, ya que colaboran profesionales de Europa y Estados Unidos.
- ¿Tiene o aspira el CELCIT-Argentina a tener un elenco estable?
- Juan Carlos Gené va en camino de eso. Varios actores que han trabajado años con él le propusieron hace unos dos años armar un grupo de entrenamiento estable. El primero de los espectáculos surgidos de ese trabajo será la trilogía “Factor H”. Yo voy camino hacia lo mismo con gente formada por mí, aunque todavía no quiero enunciarlo de modo oficial.
- ¿Contaron desde el principio con un espacio propio y una sala de espectáculos?
- No. En el 89 pudimos alquilar el primer piso del edificio de la calle Bolívar, donde funcionaban las oficinas, pero recién en el 93 alquilamos el local de la planta baja para la sala. Ahí empezamos a aumentar la actividad pedagógica y a producir teatro, con Juan (Carlos Gené) como cabeza rectora. Y el gran salto lo damos en el año 2000, al incorporar Internet como herramienta de difusión y de intercambio.
- En ese aspecto, el CELCIT cumple una labor que hoy está considerada una de las más calificadas, dinámicas y completas por los teatristas de todo el mundo.
- Me consta. En el 2003, en París, me llamó el presidente de la Sociedad de Autores para manifestarme su interés en saber cómo manejábamos nosotros lo de las publicaciones en Internet.
- ¿Quién lleva adelante, en términos prácticos, la labor del CELCIT en Internet?
- Como siempre, concurren varias singularidades. Pero es mi hijo Pablo quien conduce con más propiedad esa área. Inicialmente, se nos ocurrió tener un sitio en Internet por simple cuestión de imagen. No me imaginé lo que se venía. Algunos me pedían obras de teatro o vinculación con los autores y me pareció bueno poner las obras directamente en Internet, si los autores estaban de acuerdo. El desarrollo fue veloz y de pronto descubrimos que esto nos puso en contacto con todo el mundo. Pensar que antes, los únicos recursos para comunicarnos eran llevar una carta al correo o, después, escribir un fax. En el caso de la revista Teatro/CELCIT, uno de los grandes problemas que teníamos era el costo de la impresión y el de la distribución. Eso lo resuelve hoy la publicación en la red. Ahora, lo que hay que tener es el oído atento para ver qué queremos y qué demandas tenemos que satisfacer. Pero lo cierto es que conseguimos poner en contacto intereses comunes entre gente que está muy lejos físicamente. Hasta poco tiempo atrás, algo impensable.

La presente nota aparecerá en el Nº 33 de la revista Teatro/CELCIT

• Olga Cosentino | 2008-03-29


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