Obras como 'Frankenstein le tiene miedo a Harrison Ford' conectan a Shakespeare con referencias al cine. En eso concuerdan algunos de los protagonistas del medio escénico, quienes dicen que a través de su historia se ha identificado con alguna tendencia, anécdota o filiación ideológica.
En ese contexto, son ya recuerdos de archivo historias como la del Teatro Nacional, que no sufrió con la multitud enardecida por la muerte de Jorge Eliécer Gaitán hace 60 años, pero tiempo después fue demolido en el plan de reconstrucción de la capital a raíz del 'Bogotazo'.
"La dramaturgia en el país se mueve en un campo de tensiones, primero por la necesidad de 'hacerse contemporáneo' en otras ciudades y otros países, pero, al mismo tiempo, para dar cuenta de la complejidad de la vida actual colombiana por una violencia que se ha mantenido en todos estos años", asegura Víctor Viviescas, investigador del tema.
Por ello no fue extraño el espíritu políticamente rebelde que se gestó a mediados de los setenta por algunos grupos dramaturgos, que buscando una nueva lectura de la realidad sufrieron la censura de sus montajes y decidieron independizarse para dar paso a compañías como la del Teatro la Candelaria en Bogotá, el Teatro Libre de Medellín o el Teatro Experimental de Cali.
Para Ómar Porras, director del colectivo Malandro de Suiza, el rumbo de la dramaturgia nacional y de cualquier dramaturgia contemporánea está en la necesidad de abrirse al mundo. "No soy de aquí ni de allá, nosotros tenemos que aceptar que somos seres humanos universales", dice.
Hablar de lo que pasa
"Los artistas no deben dar respuestas, sino hacer preguntas. Si quisiera definir el trabajo teatral en este momento, tengo que decir que hay un desarrollo en la escritura y una corriente muy seria ligada con lo que está pasando en el país", apunta el actor y director Fabio Rubiano.
Según dice, el artista teatral no puede evadir lo que está viviendo. "Si al lado de mi casa matan todo el tiempo yo tengo el derecho a escribir una comedia y eso no me desliga de hablar o expresarme frente a la violencia, por ejemplo". Con eso queda claro que hay una necesidad de contar desde las tablas. Pero se abre la discusión sobre qué decir al público.
"En mi opinión, el teatro de hoy está buscando más la forma que el contenido. Esta engolosinado con eso y ha perdido el veneno y el lado oscuro. Por supuesto el gran teatro sigue ahí, pero el fenómeno de una sociedad a la que le gusta la evasión es algo muy claro en el tema", opina Ricardo Camacho, del Teatro Libre.
Sin embargo, Rubiano reconoce que hay que buscar un equilibrio. "La idea es que sea comercial en la venta de boletas, pero no en la venta de las ideas".
Para él, no se trata solo de darle gusto al público con temas que estén de moda o sigan los parámetros del mercado. "Lo que se busca es establecer un lenguaje que se la ponga un poco más difícil al público. La idea es que cuando se cree una obra esta sea comercial en la venta de boletas, pero no en la venta de las ideas", opina.
En ese aspecto, ha habido un crecimiento. Hay alternativas clásicas, fusiones con la realidad nacional, montajes experimentales y expresiones teatrales que no le temen a usar la tecnología, jugar con el performance o mezclar algo de danza en su mensaje.
"Hoy por hoy el movimiento teatral es más grande, hay propuestas comerciales, comunitarias, experimentales, pero es nuestro deber auspiciar y promover la investigación y producción intelectual frente al tema", dice Carolina Vivas, de la compañía Umbral Teatro. Ella piensa que más allá de la discusión de que haya alternativas comerciales o de otros calibres, lo importante es que se generen espacios para la discusión sobre l trabajo, como pasaba en los ochenta, cuando existía una importante producción editorial sobre teatro en el país.
La fórmula de la nueva lógica de la dramaturgia parece ser: Más obras, más ideas y menos publicaciones. "Ahora hay menos textos de este tema, pero hay más medios electrónicos para acercarse al público", comenta Rubiano.
Por su parte, Camacho concluye: "Las obras de éxito, con humor fácil y que echan mano de las estrellas de televisión se mueven en el mismo espacio del teatro experimental más cerrado y con ganas de contar algo diferente. Igualmente, las puestas en escena más clásico siguen alimentándose de los dramas, hoy hay mucho por hacer y crear, pero cómo siempre el veredicto final lo tiene el público".
• El Tiempo | 2008-04-10
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