Malena Solda, Stella Galazzi y Carolina Fal protagonizan la nueva versión de Chéjov, que dirige Luciano Suardi. Estreno en el Regio.
En los últimos años, los personajes de Antón Chéjov se vienen instalando con fuerza en Buenos Aires. Después de las renovadas versiones que el director Daniel Veronese realizara de Tres hermanas y Tío Vania , varios de sus textos fueron recuperados por diversos directores, como Laura Yusem y Enrique Dacal, entre otros, para demostrar que el hondo mundo del dramaturgo ruso aún tiene fuertes resonancias en nuestro presente social.
Una nueva versión de Tres hermanas llega ahora al escenario del Regio, con dirección de Luciano Suardi. Será una nueva oportunidad de reconocer a esos seres tan emblemáticos como Olga, Masha e Irina, tres mujeres en apariencia muy opuestas, pero que integran un núcleo familiar que representa a toda una clase social dentro de la Rusia de 1920.
Olga, Masha e Irina serán protagonizadas, respectivamente, por Stella Galazzi, Carolina Fal y Malena Solda. Para cada una de ellas, estas mujeres tienen una significación particular, es que esas criaturas chejovianas portan una historia individual, que mucho puede movilizar el interior de un actor a la hora de construirlas, pero, también, ellas representan toda una calidad de personajes dentro del teatro clásico contemporáneo.
Stella Galazzi viene de interpretar a Vershini en la versión ( Un hombre que se ahoga ) que Daniel Veronese estrenó hace tres temporadas y que tanto éxito alcanzó en Buenos Aires y que luego tuvo una fuerte proyección internacional. Se muestra sumamente fascinada por volver a introducirse en el mundo de Antón Chéjov y, esta vez, no recreando a un hombre, sino a la hermana mayor, Olga. "Ingresar en estos personajes es muy movilizador -dice la intérprete- y a cualquier actor le hace muy bien meterse en estas situaciones y transitarlas."
Cuando su amigo Luciano Suardi la convocó para formar parte del proyecto se sintió verdaderamente feliz, porque "Chéjov es de esos autores a los que hay que aproximarse; yo lo he estudiado, he hecho algunas escenas de sus obras, pero ahora tengo la posibilidad de adentrarme de lleno en él y reconocer sus complejidades", lo dice una intérprete que sabe mucho de la actuación, que desde hace dos décadas se desarrolla dentro de ella, además de la docencia.
Durante la charla con LA NACION, trae a colación su pasado en Zárate, la ciudad en la que nació, se formó y en la que vivió hasta hace diez años, cuando decidió instalarse, definitivamente, en Buenos Aires. De aquel Zárate recupera un recuerdo, y tiene que ver con un tiempo muy similar al de la obra, ese tiempo provinciano que parecía no transcurrir nunca y en el que la gente se sentía transcurrir sin mayores ambiciones.
Algo similar rescata Carolina Fal. Nació en Mercedes, también provincia de Buenos Aires, y el mismo recuerdo aflora en su mente a la hora de detenerse a reflexionar sobre el mundo chejoviano. En ambas actrices, esas marcas parecen estar muy adheridas a sus cuerpos y, a la hora de ponerlos en juego, para concebir a estos nuevos personajes, ese cuerpo moviliza la imaginación con datos concretos que hicieron, en algún momento, a sus realidades personales.
Encarnar, en sentido estricto
Y el cuerpo ocupa en la recreación de Fal un lugar preponderante. Desde allí, ella descubre a su Masha. La imagen que tiene -explica- es "la de una mujer que está siendo mordida por dentro". "Hay algo que la muerde desde adentro y la hace no poder instalarse en ningún lado. Su respiración es alta, en vez de llegar de abajo y estar relajada."
"Chéjov muestra todo como si nada pasara -explica la actriz-. Esos personajes hablan de cosas aparentemente sin importancia y eso es una cortina, un velo, cada personaje es un volcán. Eso es lo que me resulta más atractivo de trabajar: ese simple estar resulta un mundo cotidiano, pero muy grave." Para una intérprete para quien el trabajo en los ensayos resulta sumamente gratificante, ir descubriendo el mundo de Masha parece apasionarle sobremanera. Repara en una frase que dice el personaje: "O se sabe para qué se vive o nada importa nada". Lo dice y se queda pensando y le gusta reconocer que ese mundo lento, pesado, que asoma en la pieza, le interesa, porque -según afirma- "también tengo algo de eso, pero no ahora". La actriz mira a Masha desde un afuera que remarca. "Estoy en un momento en el que trabajo muy liviana, así es mi existir hoy, entonces me resulta más fácil construirla y, al hacerla, me siento crecer como actriz."
El proceso de creación de Malena Solda, Irina, la tercera hermana, presenta algunas variantes respecto de sus compañeras. Le gusta investigar por fuera del texto propiamente dicho y, entonces, ha leído mucho sobre la personalidad y la obra de Antón Chéjov y, además, sobre las condiciones de vida en la Rusia de fines de 1800, principios de 1900. Así ha logrado comprender cuestiones que en el texto resultan muy mínimas, quizá, pero que le ayudan a reconocer mejor ciertas expectativas que tiene su personaje. "Irina es bastante romántica, tiene esperanzas, energía, ganas de trabajar -dice-. Cree en el progreso, sueña con ir a Moscú e imagina que allí va a conocer al hombre de su vida."
Malena Solda es una apasionada del trabajo con la palabra, los textos para ella poseen un valor agregado, toda vez que su lectura le posibilita develar todo un mundo muy íntimo. "Es que en estos materiales la palabra es muy específica. No da lo mismo decir una cosa que otra. Así descubrís que las imágenes y las resonancias de esta obra son impresionantes."
La joven intérprete se ha especializado en teatro clásico en Londres, allí realizó un posgrado sobre teatro isabelino y jacobino; así aprendió a valorizar la palabra y reconocer cuánto podía modificar desconsiderarla. "Confiar en la palabra te lleva a descubrir una emoción inesperada. Trabajar con un texto clásico es como tener horas de vuelo. Cuanto más horas de vuelo tenés, mejor volás."
Lo dice muy tranquila, con una confianza plena en el trabajo que ha encarado. Como sus compañeras de elenco Antón Chéjov les ha abierto toda una posibilidad de recreación que las moviliza y disfrutan. Carolina Fal utiliza una palabra muy significativa para hablar de los personajes: carnosos. Y eso los hace imaginar con una riqueza superlativa, la misma que seguramente tendrán en la escena.
El elenco lo completan Alberto Segado, Daniel Fanego, Muriel Santa Ana, Osvaldo Bonet, Nya Quesada, Guillermo Arengo e Iván Moschner, entre otros.
• Carlos Pacheco | La Nación | 2008-05-04
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