Con la actuación de Carolina Fal y la dirección de Cristina Banegas, subirá a escena lo nuevo de Griselda Gambaro.
"Y creo... no sé... que los odio para evitarme la hipocresía de amarlos. Porque... ¿qué clase de amor tenemos por los niños?". Con estas palabras, comienza un monólogo clave de Zaira, el personaje que interpreta Carolina Fal en La persistencia , la obra de Griselda Gambaro que, con dirección de Cristina Banegas, subirá a escena el sábado en el Teatro San Martín. Y fue precisamente al escuchar esa primera frase cuando Carolina supo que quería hacerla.
"No sé si había comprendido toda la obra cuando la escuché por primera vez, pero había cosas que me sonaban tan fuertes que yo pensaba: «¿Cómo voy a hacer esto? ¿Cómo me voy a poner estas palabras en la boca?». Desde todo punto, no desde un lugar moral, sino desde el cuerpo, y sentí que iba a ser para mí un desafío muy importante. Estaba frente a un texto que me iba a hacer aprender mucho, lo sabía, básicamente porque no sabía decirlo, tenía el olor de las palabras, pero no sabía cómo transitarlas...". Esa primera lectura de La persistencia , frente a Fal, estuvo a cargo de la propia Griselda Gambaro, buena manera de seducir a quien quería como actriz para su Zaira, una decisión tomada casi al unísono con Banegas.
"La decisión estuvo fundamentada en un gran aprecio por Carolina como actriz, por su manera de encarar el trabajo, por su concentración. Supongo que no debe de ser frecuente su manera de trabajar, esa entrega total a la que te acostumbra", dice Gambaro, sobre la actriz que estrenó su obra Dar la vuelta -también en el San Martín-, la que protagonizó La malasangre , la que necesitaba para que pudiera ponerse en la piel de Zaira, una mujer que vive el horror detrás del horror.
La persistencia de la que habla Gambaro en su obra no es otra que la del odio, de la violencia, de la salvajada impiadosa, idea que se le instaló como fuego a la escritora cuando hace casi tres años leía en el diario las noticias que hablaban de la masacre de Beslan, la cruenta recuperación por parte de las tropas rusas de una escuela de esa ciudad que había sido tomada por un grupo checheno, y que terminó con la muerte de 340 personas, en su mayoría niños.
La noticia impresionó tanto a Gambaro -"a pesar de estar envuelta por la sobriedad de una crónica periodística", dice- que la empujó a cambiar su manera de trabajar. "No soy de escribir sobre la inmediatez como me pasó con esta pieza, pero no lo pude evitar; no podía dejar de pensar en la muerte de esos chicos... Pareciera que en este siglo no se considera para nada, absolutamente, la vida de los chicos."
Las imágenes que vienen a la cabeza con sólo recordar lo que pasó en Beslan se sienten densas, pesadas, y quizá lo sean, pero no necesariamente se trasladan de esa forma al escenario. "De verdad, no creo que la pieza sea oscura; en todo caso, no lo es más que la realidad. Puede que sea dramática, pero estoy convencida de que cualquier obra de arte, aunque hable del horror, no transmite horror sino una especie de reparación. El drama más profundo nos produce placer. Siempre hay un costado de placer", sigue diciendo Gambaro.
Sin duda, una de las que por estos días más placer siente es Carolina Fal, que está terminando un proceso de ensayo difícil pero gratificante. "Es un trabajo infinito; agarro una frase y digo: «Hago la censura después de esta palabra», y vengo, y la pruebo, y no va... Busco y busco la forma de entrarle al texto, y lo hago de todas las maneras que te imagines -y no las contaría porque son muy íntimas-, pero, si no, es imposible llegar. Ese trabajo a solas te permite venir con algo concreto para probar porque, si no, el ensayo no se vuelve productivo. Yo no creo en ese teatro de encontrar azarosamente, de lo que baja... Me parece mucho más matemático, de trabajo de hormiga, y eso también lo hice con ayuda de Cristina [Banegas], quien me dio muchas otras formas de hacer esto que hago sola: más intenso, con un hilado más fino, buscando otras texturas."
Y el placer del público será, entonces, disfrutar de esos entramados en una historia inesperada -la sorpresa produce más horror aún- que está a cargo de un elenco que se presiente potente. Junto a Fal están Gabo Correa, Horacio Acosta -con quien Fal comparte escenario también en La Venus de las pieles - y Sandro Nunziata. "Parte fundamental del proceso de trabajo tiene que ver con el grupo que se formó. Por los temas que tocamos, era importante tener un grupo de contención. Y mi gran aliado sobre el escenario es Gabo, con el que comparto las escenas más difíciles."
• Verónica Pagés | La Nación | 2007-06-17
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