Las neurosis sexuales de nuestros padres

De Lukas Bärfuss. Dirección: Mariana Díaz
 

Sinopsis

CELCIT presenta

Las neurosis sexuales de nuestros padres
De Lukas Bärfuss

Elenco (por orden de aparición)

Dora
Florencia Naftulewicz

La madre de Dora
Silvina Katz

El médico de Dora
Mario Petrosini

El patrón de Dora
Aldo Alessandrini

Una mujer que es la madre del patrón
Celeste Monteavaro

El Señor Fino
Pablo Lambarri

El padre de Dora
Leandro C. Caamaño

Diseño gráfico, audiovisual y fotografía
ideas.bratoz.com.ar

Montaje escena de violencia
Leandro Aíta

Prensa
Simkin & Franco

Vestuario
Laura Molina

Iluminación
Marcelo Cuervo

Música
Tian Brass

Escenógrafo asistente
Fernando Díaz

Escenografía
Carlos Di Pasquo

Producción ejecutiva
Julieta Bottino

Producción general
Mariana Díaz

Asistente de dirección
Natalia Córdoba

Dirección
Mariana Díaz

Duración: 90 minutos
Espectáculo sin intervalo


CELCIT. Temporada 2010

Notas y críticas

Las neurosis sexuales de nuestros padres

Las Neurosis … cuenta la historia tal vez inspirada en el Caso Dora relatado por Freud, de una muchacha de 18 años que padece de una enfermedad mental incierta y acude junto a su madre al doctor porque ha decidido quitarle la medicación, ver lo que sucede: dejarla en libertad.
Un escenario despojado, un proyector que transmite con palabras el clima para la escena y un elenco equilibrado dan como resultado una pieza se disfruta de principio a fin.
Florencia Naftulewicz es Dora, esta niña - mujer de la que dudamos si siempre fue así o lo es producto de la medicación que se le fue proporcionando a través de los años. Un día su madre, casi a modo de experimento, trasmite su ocurrencia al doctor: quitarle la medicación, devolverle la vida, devolverle la risa... ver que pasa.
Y así conoce a un hombre fino con el cual libera sus represiones sexuales y expresa sus deseos sin filtro alguno. Dora se descubre y la descubren, como un adulto, con planes, con proyectos, con ganas de formar una familia. Pero todo esto no es bien recibido.
El autor Barfuss aclara “Aunque Dora aparentemente tiene una discapacidad, no se trata para mi de la cuestión de como lidiar con estas personas”. Y ni por un momento se confunde: a la protagonista se le da una libertad con al cual no pueden lidiar ni aceptar tampoco.
Sin duda es la sorpresa de hallar a sus padres en el acto sexual y más aún: disfrutándolo, lo que moviliza  y la respuesta a una serie de preguntas que brotan de esta imagen son una serie de zalamerías que intentan amenizar la situación.
Conmemorando sus 35 años, el Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral (CELCIT), es el mejor de los momentos para asistir a esta obra que mantiene la tensión de una manera interesante, bajo la dirección de Mariana Diaz que trasmite de forma intensa el texto de  Lukas Barfuss, quien estará visitando nuestras tierras en octubre con motivo del estreno de esta (su) obra.

Julia Panigazzi. Sala llena on-line. 20/10/2010


Las neurosis sexuales de nuestros padres en el CELCIT

Una odisea personal del descubrimiento sexual: los peligros de la desidealización cuando el fervor del cambio reemplaza la objetividad por la total subjetividad.    
El CELCIT presenta una versión de esta aclamada obra del exitoso dramaturgo alemán Lukas Bärfuss, más que un dramaturgo es un profundo perturbador que, por lo general, se enfoca en los conflictos más disolutos de la realidad social.
La provocadora pieza de Bärfuss plantea preguntas y dudas sobre la conciencia de los espectadores: ¿Cuál es el trato adecuado para los hijos que sufren algún tipo de trastorno mental o psicológico? ¿Es necesaria la sobreprotección de los progenitores hasta el punto de sofocarlos y no permitirles tener una vida? ¿Ha entendido la ciencia a estos seres especiales, o se niega a verlos de manera diferente? Las respuestas no están en “Las neurosis sexuales de nuestros padres”, quedan planteadas en la mente de la audiencia para resolverlas del modo que más les convenga.
Dora, es una joven de la que no conocemos la génesis de su problema, pero que, sin embargo, sabemos que ha pasado gran parte de su vida fuertemente dopada. Sin una clara motivación, en conjunto con el siquiatra, sus padres toman la decisión de suspender los tratamientos. Al recobrar una parte de su autonomía, Dora descubre, entre otras cosas, su sexualidad. Y, de un modo inocente e ingenuamente desprejuiciado, se sumerge en ese mundo nuevo que va fascinándola aunque no tiene una educación previa para comprender su significado, sus peligros, ni las consecuencias de practicarlo descontroladamente. Cuando es descubierta todos se escandalizan, sus padres, su médico, su patrón, excepto la madre de este último. El viaje de Dora comienza con la repetición de frases que escucha, sin elaboración alguna, pero que en poco tiempo –y con su mente cobrando más lucidez ante las experiencias que vive, y la falta de fármacos– comienzan a ser pronunciadas con un discurso en el que su propia neurosis va mutando hasta permitirle conocer un nivel más cercano al dolor que causa la incomprensión del mundo que la rodea.
Lo más destacable de este montaje reside en la excelente actuación de Florencia Naftulewicz (Dora), que está en escena durante los ochenta minutos que dura la obra, sin que su energía decaiga en ningún momento. El brillante trabajo de Carlos DiPasquo, logra que la escenografía sea un personaje vivo que participa en todo momento desde un panel negro cubierto de tul blanco que, en la parte superior, aparece desgarrado. En ese agujero oscuro podemos ver casi una matriz que esconde todo lo que no se dice hasta que la situación estalla. Sobre él se proyectan frías leyendas escritas en blanco que ofician de preámbulo para cada escena, o las luces del paso de los trenes. También es importante resaltar el impecable manejo de la iluminación que logra captar los matices más siniestros del drama de Lukas Bärfuss.
Las participaciones del Silvina Katz (la madre de Dora), Aldo Alessandrini (el patrón), Pablo Lambarri (el amante), Leandro C. Caamaño (el padre de Dora), son correctas. Mario Petrossini (el médico de Dora), le imprime a su personaje una ajustada frialdad científica que, por momentos, deja entrever también un lado humano, con lo que alcanza dar mayor dinamismo a sus escenas. Es destacable también la actuación de Celeste Monteavaro quien, a pesar de tener sólo breves intervenciones, consigue dar vida a un rol que crece sin pretensiones, exponiendo las soluciones más simples a las grandes complicaciones de la vida.

Osvaldo Sabino. Pressenta.com.ar. 12/10/2010


Las neurosis sexuales de nuestros padres

Obra de Lukas Bärfuss dirigida por Mariana Díaz
La obra Las neurosis sexuales de nuestros padres, de Lukas Bärfuss, pone sobre el tape el concepto de normalidad y, abre el camino hacia un muestrario meticuloso de los miedos, taras y frustraciones que acarrea el hombre contemporáneo.
Según Bärfuss no hay ninguna persona normal, pero las que exhiben de algún modo su anormalidad son las que se verán sometidas a todo el arsenal de desaprensiones que la sociedad tiene deparada para ellas. Mientras tanto los otros, los que pueden ocultar –hasta la represión- su costado anormal, se verán amparados en sus desaguisados emocionales por los muchos artilugios que la misma sociedad les pone a la mano.
La insatisfacción campea durante toda la obra. El texto entremezcla el lado más brutal del ser humano con un lirismo que instala la tristeza y la melancolía por un paraíso perdido, en el cual todo era más simple y se podía hallar felicidad en lo pequeño de la cotidianeidad.
Por su estructura dramatúrgica (no la develaremos aquí) la pieza permite mostrar cómo se entrelazan la objetividad y subjetividad del autor frente a los hechos que él presenta.
Mariana Díaz eligió que las escenas se desarrollen en un ámbito despojado, con un solo útil al que se le aplicarán diferentes usos. En ese espacio en que hacen sus galas la síntesis y la austeridad (diseño de Carlos Di Pasquo), la directora colocó el peso de la obra en las actuaciones, provocando que estupendos trabajos individuales se amalgamen en un conjunto sin fisuras. Cada personaje se encuentra abierto a una exposición en el cual se le puede ver todos sus recovecos, con sus facetas luminosas y también con su más oscura. El trabajo de dirección, en cuanto a la actuación, se ocupo de dotar a esos personajes de humanidad, para alejarlos de estereotipos o de seres unidimensionales.
Es interesante también como la directora marca las diferencias en el comportamiento de cada personaje, tanto cuando se muestran individualmente (siempre hay una excusa o un porque para su comportamiento) como cuando se transforman en parte de la sociedad (su mirada siempre es inquisitoria).
Las neurosis sexuales de nuestros padres es una interesante propuesta que aborda la enfermedad social desde un punto de vista pocas veces frecuentado.

Gabriel Peralta. Criticateatral.com.ar. 02/10/2010


Dora, el nombre más lindo del mundo

La obra fue creada por el joven autor suizo Lukas Bärfus (1971), actualmente uno de los dramaturgos más reconocidos de Europa. Las neurosis sexuales de nuestros padres, escrita en 2005, fue traducida a doce idiomas y representada por distintas compañías europeas y americanas.

En Buenos Aires la obra es presentada con dirección de Mariana Díaz, quien le imprime rasgos cinematográficos, tales como una pantalla en la que se proyectan locaciones y frases, que ubican al espectador en contexto, permitiendo que el potente discurso interpretado por los actores, adquiera desde lo escrito, otra entidad, tan concreta como poética.

De esa forma se construye un relato, que comienza con una música repetitiva y una interferencia auditiva y visual, un telón de fondo que acompaña a Dora (nombre emblemático, si los hay, dentro de la cultura psicoanalítica), una bella joven que fue fuertemente medicada por una discapacidad mental, no demasiado identificada.

La madre de Dora, decidida a recuperar algunos signos vitales de su hija, le solicita a un nuevo médico tratante, la suspensión de la medicación. Este cambio conllevará consecuencias, pero el riesgo se asume con aparente seguridad y entusiasmo. Al poco tiempo la joven comienza a despertar de un agobiante letargo, que bloqueaba sus emociones y deseos.

Justamente en el territorio del deseo es donde comienza a hacerse visible la subjetividad de Dora, que se manifiesta en una sexualidad exacerbada. En su mundo, que comienza a surgir por fuera de los cánones aceptables por una sociedad hipócrita y contenida, el sexo brutal es sinónimo de amor.

La relación con sus padres, quienes tienen posturas diferentes en tanto toma de conciencia de la problemática y pasos a seguir frente a las situaciones que van surgiendo, se sumerge en la desorientación y desasosiego, frente a una hija que crece, que desea, que repite como autómata, que lee, pero no retiene, que no sabe, pero que acciona, arrojándose a un supuesto vacío sin red. De esta forma surge una realidad dolorosa que se les viene encima a todos, sin anestesia ni reversibilidad.

Entonces Dora es mirada, considerada y objetivada, es ángel, es demonio, es inocente, es prostituta, es apestosa, es una princesa rusa…

La figura del médico, que instruye a Dora y que le da rienda suelta a una feminidad incipiente y desbordada, es fundamental, en tanto bisagra entre la autoridad científica y la construcción de una moral propia, alejada de la voz ajena, esa que determina las conciencias y que muchas veces se presenta como la más potente.

Lukas Bärfus (que visitará Argentina en octubre por el próximo estreno de su obra Petróleo) reflexionó sobre su invención y destacó: “Aunque Dora aparentemente tiene una discapacidad, no se trata para mí de la cuestión de cómo lidiar con estas personas. Lo que vive Dora es el descubrimiento de que no puede disponer total y libremente de sí misma y este descubrimiento lo hacemos todos los seres humanos en algún momento de la vida. El ser humano tiene que vivir con eso, con el hecho de no ser totalmente libre. Yo creo que eso se llama socialización. Para ser libres, tenemos que aceptar nuestra propia falta de libertad. Y eso únicamente se aprende, pero no se puede enseñar. Dora es una alumna demasiado buena, esto la convierte en monstruo y en escándalo. A ella le gusta lo que le están haciendo. Y no tiene ningún problema con entenderse a sí misma como víctima, y a través de eso consigue una libertad, una libertad, por supuesto, terrible".

sponde ni concluye, no hace de manual del deber ser, se limita a plantear y preguntar”. Asimismo, comprende que el espectáculo recorre territorios complejos y escabrosos, que atraviesa regiones muy profundas y polémicas. "Si bien no es de esperar que la sensación al espectar este material sea la del puro disfrute -acota Díaz- anhelamos profundamente que el público viva un momento intenso y conmovedor, tanto como el que vivimos nosotros haciéndola".

Y de eso se trata, de conmoverse, de pensar, de sumergirse en el enmarañado universo del alma humana, de atravesar la lábil línea que separa lo normal de lo anormal, de emocionarse, de comprender, de detectar perversiones, fantasías, ingenuidades, mentiras, despropósitos... Todo esto, de la mano de un buen elenco, en el que se destaca la interpretación de Florencia Naftulewicz, en el rol de Dora, “el nombre más lindo del mundo”.

María Gabriela García. www.escena71.com.ar. 17/09/2010


La sexualidad de los tristes

El dramaturgo y escritor suizo Lukas Bärfuss anticipa su próxima visita a la Argentina en octubre. Autor de "Las neurosis sexuales de nuestros padres" -que actualmente está en cartel en Buenos Aires- dialogó con Ñ sobre su particular abordaje del sexo y su fuente de inspiración: la sociohigiene suiza, germen del nazismo.

Un modo de ver aséptico. Formas de entrar y salir que cuentan un mareo pero ocurren con precisión. Afectos capturados en su manifestación técnica, expuestos en su condición de encubridores. Pasiones disueltas y la enfermedad de todos al descubierto. Salvo Dora, claro, que en "Las neurosis sexuales de nuestros padres", del suizo Lukas Bärfuss, es una hiperdotada emocional. Simple en su alegría y simple en su angustia. Incomprendida hasta el exilio ruso, una vez que fracasan el tratamiento médico, la profesión paternal, la incorporación al orden comercial y el matrimonio como posibilidad. En la primera puesta argentina del texto de Bärfuss (de quien, por cierto, la editorial Adriana Hidalgo acaba de publicar su primera novela, Cien días) Dora es solitaria y conmovedoramente interpretada por la actriz Florencia Naftulewicz, acaso el mayor acierto de la propuesta que Mariana Díaz montó en el CELCIT, proyecto que vale, sí, como puerta de entrada al "sistema Bärfuss", un auténtico "raro a la europea" que en octubre visitará Buenos Aires.

Naftulewicz es, sobre todo, exacta. Suave. Dice, y cuando dice, pone en evidencia el rigor con el que el autor concibió la interioridad de un personaje adorable y contorneado, contrapuesto con odio e inteligencia a la masculinidad excesiva (y por ende escasa) de los otros, incluso la de su propia madre, insignia de ese tipo de insatisfacción femenina que invariablemente incide sobre los hijos y libera a los esposos de toda culpa y de todo cargo. Bärfuss reubica a esa Dora legendaria que desde Freud en adelante funcionó como una definición de la más común de las neurosis. Ahora, el síntoma está en todos menos en ella. Para Bärfuss, la ingenuidad de Dora contrasta drásticamente con la histeria del mundo. Naftulewicz representa fielmente ese conjunto de deseos elementales, válidos, anteriores.

Una modesta entrevista con Bärfuss a la distancia revela que la frialdad puede ser para él una teoría de la representación. Que los padres pueden estar en el centro de (casi) todos los problemas. Y que el sexo puede activar la tristeza, que nunca dejará de latir. Y eso es cierto.

 

- El título de la obra, "Las neurosis sexuales de nuestros padres", guarda una relación histórica indirecta con el argumento. ¿A qué obedece esa distancia entre la historia narrada y esa leyenda tan general, tan "teórica" que el título sugiere?
- Sí, en aquel entonces, en 2003, yo quería echar una mirada absolutamente científica, casi fría sobre mis personajes. Quería avisar que todos existimos gracias a la sexualidad de nuestros padres, pero que esa sexualidad, al mismo tiempo, representa una neurosis para nosotros. Incluso en su forma más natural e inocente, ¿por qué no queremos ver a nuestros padres besándose? Tal vez, porque eso profana el misterio de nuestra existencia.

- El padre, el médico, el jefe y el novio, como figuras masculinas de la obra, son incapaces de acercarse al "fenómeno Dora". Son más incapaces que la madre de Dora de entender a Dora. ¿Por qué?
- No estoy seguro de si son incapaces de percibir a Dora. Al contrario, se sienten atraídos por ella, por motivos que ni ellos mismos entienden. Quizás sea ese pedazo de "naturaleza salvaje", la amoralidad de Dora, el hecho de que viva más allá de las convenciones. Quizás los hombres esperen encontrar a través de Dora, un acceso a aspectos ocultos de su virilidad.

- ¿Qué opinión tiene de las revisiones críticas que se están haciendo del psicoanálisis y de la obra de Freud?
- Debo confesar que no me he ocupado mucho de Sigmund Freud, yo leía otros libros. Estudiaba sobre todo los textos del suizo August Forel, un psiquiatra y científico especializado en hormigas, que investigó la conexión entre las enfermedades psíquicas de los individuos y el progreso de la sociedad. Una de las bases importantes en mi investigación para esta obra fue la evolución de la psiquiatría suiza en el siglo pasado. August Forel y Eugen Bleiler se consideraban filántropos. Querían mejorar la sociedad, erradicar la pobreza y luchar contra el alcoholismo, que era, entonces como ahora, un gran problema social. Querían hacer algo por los enfermos mentales. Todos estos eran objetivos admirables. Muchas personas respetables, muchos socialistas y socialdemócratas se solidarizaron con ellos. El resultado fue la construcción de un gigantesco aparato de represión. Muchas personas marginales fueron fichadas sistemáticamente. Se les sacaban los hijos a los padres,si se creía que eran incapaces de cuidarlos. Muchas mujeres fueron esterilizadas; muchos hombres, castrados. Las personas que no encajaban en esa imagen fueron encerradas en hospitales psiquiátricos.Suiza fue pionera en este sentido. Los nazis basaron gran parte de su know how en la eugenesia y en el exterminio de los seres humanos. Estoen parte lo aprendieron de los suizos. Hubo un montón de científicos suizos en los servicios alemanes. En Alemania, después del colapso de 1945, esa práctica desapareció completamente; en Suiza, continúa viva hasta el día de hoy. Incluso en 1974, hubo hombres y mujeres que fueron castrados por motivos sociohigiénicos.

- Las escenas están precedidas por anotaciones que en la puesta argentina aparecen en una pantalla. Muchas de esas notas dicen mucho más que los textos de los personajes. ¿Qué dicen, qué quieren decir esos textos que no dicen los personajes?
- Esos textos nacieron pocos días antes del estreno. Mi objetivo era mostrar cierta atmósfera, un ambiente que en los diálogos no se hace visible directamente. Los diálogos son muy reducidos, concisos, lacónicos. Instintivamente tenía la sensación de que cierta "abundancia" me ayudaría a sentirme más cercano a los personajes.

- ¿Cuáles son esos "pensamientos complejos" que Dora no tiene y, por ejemplo, su madre sí?
- Eso no lo sé. En principio, raras veces sé más de lo que está en el texto, lo cual significa que el secreto de los personajes es también un secreto para mí. No obstante, podría ser que la madre deseara tener a alguien frente a ella. Una amiga, alguien con quien pudiera intercambiar. Porque con el padre, seamos sinceros, eso no es posible. Y con el médico, tampoco. Y ella no habla con nadie más.

- ¿El sexo acaba con la tristeza, tal como Dora siente en la obra?
- Lo que es cierto es que el sexo interrumpe la tristeza. O posibilita compartir esa tristeza. Pero yo lo veo en forma dialéctica. La interrupción, tanto como el hecho de compartir, muestran aun más la existencia de la tristeza. En total, para mí no se trata nunca, en ninguna de mis obras, de categorías como infelicidad o tristeza. Mi tema es indagar cómo podemos vivir una vida, una vida viva en el momento, una vida que incluya la felicidad y la pena.

Bärfuss Básico
Nacido en 1971, es uno de los dramaturgos más exitosos de habla alemana. La prestigiosa revista "Theater heute" lo nombró "dramaturgo del año". Entre sus obras, representadas en varios países, se encuentran: "Las neurosis sexuales de nuestros padres", "El bus" y "La prueba". Cien días es su primera novela. Junto con Samuel Schwarz, fundó en Zurich el grupo teatral 400asa. Recibió entre otros premios y galardones: (1998) Beca de la Fundación Lydia Eymann, Langenthal; (2000) Premio de Fomento ZKB (Zurich) por "Medeää"; (2001) Premio Cultural de la ciudad de Thun; (2002) Galardón Cultural de la ciudad de Zurich; (2002) Galardón Literario de la ciudad de Berna; (2003) Premio al Mejor Libro del Cantón Berna; (2003) Invitación de la Productora de Basilea de "Las neurosis sexuales de nuestros padres" a las Jornadas de Teatro de Mülheim.

Franco Torchia. Revista Ñ. 10/09/2010


Las neurosis sexuales de nuestros padres

Se trastoca el teatro. Se sobrevive a sí mismo. El ejercicio es una línea, un punto de intersección de diálogos, un instante plural de encuentro para los diálogos de la historia nada sencilla y muy bien recorrida, bien presentada. Una buena elección frente a un tema que esconde el riesgo de repetirse. Poder decir lo que se quiere, y hacer lo que se siente, se disfraza de desviación a tratar, cuando queda más o menos claro que tiene (o tendría, podría tener) tantos alcances como riesgos. No hay mal absoluto, ni esperanza que no sobrevenga a la insoportable realidad.

"Las neurosis sexuales de nuestros padres" es una propuesta que no se queda en la forma, sino que se atreve también a jugar con lo escénico, volviendo complejo lo simple, con lo espacial y con lo técnico. Siempre hay alguien viendo lo que no debe cuando no debe, siempre es ella quien funciona como centro e imán, como un hoyo negro que eventualmente se los tragaría a todos, dejándole libre al fin (como si fuera un unipersonal pluralizado).

Las actuaciones que deben serlo, son excelentes, además.

Camilo Enrique Ríos Rozo. resenasdecineyvida.blogspot.com. 30/08/2010


Estrenó la obra Las neurosis sexuales de nuestros padres

Una pieza fuerte y conmovedora sobre el deseo.

Ayer se estrenó en la porteña sala del CELCIT, la obra Las neurosis sexuales de nuestros padres del polémico dramaturgo suizo Lukas Bärfuss, uno de los más exitosos de habla alemana.

Mariana Díaz pone en escena esta pieza sobre las complejas e infinitas variables del amor, las relaciones entre padres e hijos, la medicación de "los diferentes" o "desviados". Estos temas son abordados con hondura en una puesta exenta de prejuicios, y cargada de una emocionante sutileza.

Las neurosis... gira en torno al personaje de Dora, quien ha vivido medicada por una incierta enfermedad mental, hasta que su madre y un nuevo doctor cambian el rumbo del tratamiento. Dora, en estado de abstinencia química, descubrirá entonces que sus deseos pueden guiar sus actos. Pero esto desorganizará dramáticamente a los que la rodean, precipitando un desgarrador final.

“Las neurosis... no responde ni concluye, no hace de manual del deber ser, se limita a plantear y preguntar”, dice sobre la obra Mariana Díaz. “En esa actitud reside la potencia del material, cuya traducción escénica produjo una clave actoral de la que han quedado excluidos de plano los juicios de valor, los prejuicios de cualquier índole y especialmente los golpes bajos”, se explaya la directora.

Los diferentes ámbitos en los que transcurre la obra son sugeridos a través de la proyección de las acotaciones –que preceden a cada una de las escenas– y siempre las sitúan en tiempo y espacio sobre una importante pantalla. Se intenta que funcionen como los carteles con texto de las películas mudas. Así ingresa al escenario el lenguaje cinematográfico, muy presente en esta pieza a través de diversos guiños textuales y rítmicos.
“Si bien no es de esperar que la sensación al espectar este material sea la del puro disfrute –anticipa Díaz–, anhelamos profundamente que el público viva un momento intenso y conmovedor, tanto como los que vivimos nosotros haciéndola”.

El autor. Lukas Bärfuss visitará la Argentina en octubre próximo con motivo del estreno de sus obras Las Neurosis sexuales de nuestros padres (en el CELCIT) y Petróleo (que se podrá ver próximamente en el Instituto Goethe, con co-dirección de Georg Tielmann y Sergio Grimblat).

. Diagonales. 09/08/2010


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