Pero antes, la explicación de un desvío personal que me trae a esta aventura de la Tana.
El año pasado tomé la decisión de abandonar la escritura crítica. Esa que se enmarca en un aspecto muy determinista y puntual de la obra. El nuevo camino, por el que ya venía coqueteando hacía un tiempo, fue el de la investigación. Entonces envié a distintos elencos y dramaturgas – el género aquí es gráfico- la propuesta de acompañar sus trayectos de ensayo a través del cual desmontar una perspectiva distinta del teatro. Descubrir, sin develar más allá de lo necesario, cómo se llega a esa ficción completa, la que ve el público y que surge a partir del estreno. Los caminos recorridos por todo el equipo y especialmente el complejo entramado que se va tejiendo y destejiendo en un trabajo muy serio y sutil entre texto, actores y dirección. Mis primeras experiencias en ese sentido fueron con tres espectáculos distintos: uno de creación colectiva: Fiesta patria, idea central y puesta en escena de Mariana Percovich; el otro, Animales de Dios. Texto y dirección de Marianella Morena y Florencia Caballero Bianchi y finalmente, junto al teatro El Galpón, donde participé del ensayo general de la obra Personas, lugares y cosas de Duncan Macmillan, bajo la dirección de Margarita Musto. A finales del año pasado recibo la invitación para unirme al equipo de Fabiana Charlo, dramaturga y directora, de quien ya he publicado algunas críticas. La oportunidad de sumarme a este trabajo posibilita ahondar en la investigación de nuestro territorio. Insisto que, desde el universo de los teatreros no es fácil abrir la intimidad de la creación y los ensayos, representa una gran confianza, la que agradezco porque entiendo que es indispensable armar archivo, documentos que den cuenta del tiempo, del trayecto, de los artistas que construyen nuestro arte.
Esto es posible gracias a la Fundación Itaú. Desde su respaldo, se vuelve visible una cultura que se teje de la sangre de nuestros artistas.
Cuando las mujeres habitan tantos encierros.
Las marcas selladas en el cuerpo, en las palabras, en el cansancio de la voz.
Los niveles del relato van desde el personaje definido por un trayecto vital que la invalida como persona, como humana y la silenciosa figura que escucha desde el privilegio que supone ser el portador del poder letrado. ¿Quiénes cuentan las historias de los cuerpos atrapados? Repito, desde mi espacio de escritura: ¿Desde qué palabras se cuentan todas las historias mientras tantas otras, esas que han habitado la experiencia, permanecen en las sombras del silencio?
Las mujeres asignadas al dolor. A ser madres, violadas, pobres y no miradas. Las mujeres configuradas por sus cuerpos desde el deseo, las mujeres encerradas más allá de la materialidad de las paredes. ¿Cuántos muros las han atravesado? Virginia Woolf hablaba de la necesidad del espacio privado, como un lugar de poder para la escritura. Desde dónde han escrito las mujeres si ni siquiera accedían a “una habitación propia”. Y, finalmente, ¿cómo se les habilita la voz cuando esa “no” habitación es la cárcel, un lugar de representación de todas las marcas sociales, a través de las cuales son borradas, ocluidas y excluidas del poder que supone contar/se.
Podemos enumerar muchas mujeres determinadas por distintos sistemas simbólicos de encierro como los que nos han llegado desde tantos mitos, por ejemplo. Todos tienen un rol dentro de nuestra cultura. El principal ha sido el de moldear un pensamiento enmarcado desde la cosmovisión androcéntrica, que ha sido determinante en la configuración del sistema paradigmático que aún hoy nos atraviesa.
La dramaturga y directora Fabiana Charlo, desde el teatro ha venido destejiendo esos antiguos signos, para que nuevos hilos nos permitan repensar las historias. En ese sentido y en este proyecto, el cuerpo de mujer se cuestiona, se observa, se piensa desde el dolor y el encierro.
Ser mujer, pobre, y madre es estar signada y asignada, es no tener salida – en más de un sentido- Sin embargo, hay en esta obra cierto meta teatro. Nos reflejamos entre la necesidad de construir una historia que transita miles de historias reales en un, aparente, doble diálogo. En la ficción un personaje que escucha – ¿quién es? - y el otro, el que da carne al texto es la prisionera. En el plano real una escritora y el proceso de puesta de la obra como herramientas para el diseño del plano ficcional.
Son territorios que se encuentran en márgenes limítrofes que Charlo va delineando con fineza y seriedad, desde la voz de La Tana, desde su historia que duele y da miedo. ¿Cómo se levanta una ficción?, cuando la cuestión vital de la puesta está atravesada por el desgarrador contenido que nos aporta la realidad? Ese será el trabajo del director Horacio Camandulle.
El teatro no sólo es un espacio de ficción. Es un territorio donde se reconfigura lo humano, donde todos los relatos se desbordan sin prejuicios para intentar desmantelar los viejos sentidos.
Consideramos el teatro de Fabiana Charlo como una geografía donde se proponen nuevas fronteras donde los sentidos quieren ser puestos en tensión. En este territorio, la escritura, la dirección, el espacio, los cuerpos, soportan distintos niveles. Adentrarnos en esa suerte de laberinto creativo de Charlo, en las pistas que nos ha venido sembrando desde sus anteriores obras, nos empuja al teatro como clave indispensable, al teatro de todos los tiempos, al del espacio y la palabra creado como pista para que el ser humano no se pierda a sí mismo.
El proyecto está en marcha. Estamos alimentando lo que llegará a ser cuando se abra el telón – en sentido figurado.
Conversando con Fabiana Charlo.
Ella es la actriz y la dramaturga. Vamos a dar espacio a su voz, para comprender un poco más de dónde viene la Tana.
Mi pregunta se dispara por la configuración entre su cuerpo escénico y su escritura.
Fabiana responde que para ella los textos dramáticos son literatura, primero nacen como material escrito y luego se convierten en teatro cuando el actor o la actriz ponen el cuerpo. En ese proceso la obra se transforma mediada por el acto de generosidad que supone entregar la obra. En este caso es un texto escrito por mí en el que voy a entregarme completamente desde mi rol de actriz a la mirada del director- afirma Fabiana- Desde ese instante me despojo de mi ser la escritora. Lo que es, ciertamente, muy difícil, aunque esta es la primera vez que lo voy a transitar. Claro que tengo una voz interior que atravesó el proceso de la escritura, pero estoy abierta a que esa voz cambie. La confianza para quien esté guiando el proceso creativo tiene que estar siempre.
Le propongo que me hable sobre el equipo de La tana.
En principio me habla del origen. Le doy la palabra.
“Me interesa ser muy honesta. Estuve dos años haciendo dos tipos de talleres diferentes en la unidad 9, a partir de la propuesta del Programa Aprender Siempre, del Ministerio de Educación y Cultura del Uruguay que supone el desarrollo de un trabajo en duplas, con dos disciplinas diferentes y crear un trabajo a partir de las necesidades del grupo. El primer año compartí el taller con un compañero músico y en el segundo año estuve con una compañera que era docente de arte visual. Los dos talleres fueron una mezcla de teatro con candombe porque esa fue la necesidad que ellas manifestaron en ese momento, el segundo fue un entramando entre el teatro y todo lo visual. Desde el primer día que entré, entendí que tenía que hacer algo con eso. Incluso mucho antes de pensar en Crisálida, que fue mi primera obra. Sus cuerpos, sus dificultades para abrirse, todo eso me impactó.
A partir de ahí, los talleres se transformaron porque muchas veces llegábamos y había requisa. Fabiana se detiene aquí para señalar cómo eso representaba una enorme angustia para ellas. Esas instancias transformaron el espacio en un lugar para conversar sobre sus vidas, sus vivencias, las sensaciones que las atravesaban, siendo mujeres. En esos encuentros aparecieron los prejuicios que ellas mismas acarreaban. Probablemente determinados por el recorrido vital y la experiencia.
Desde la memoria de Charlo surge entonces las necesarias estrategias para resolver, en términos del trabajo, esas situaciones. Apunta ahí a las herramientas pedagógicas, entendiendo que la planificación, que es un gran sostén, es apenas una hoja de ruta que puede desviarse a partir de emergentes que son imprescindibles de introducir en el proceso.
Por eso es que ella parte de su propia vivencia y el encuentro con las de ellas. Desde su rol de dramaturga, parte de imágenes puntuales que toma para llevarlas al plano de la ficción, desde herramientas como la exageración o la distorsión. En ese juego se va hilando el diálogo entre la realidad y la ficción. Fabiana ejemplifica con algunos momentos del texto que no necesariamente pueden ser tomados como reales:
Es cierto el caso de los niños que se pelearon, lo que provocó la pelea de las madres a las que hubo que separar. Fue un tenso momento en el que el profesor que daba clases conmigo recibió una piña. Todo lo que sucede en la escena, más allá de ese momento de la obra, es pura ficción.
Otros fragmentos que pueden servir de ejemplo en esta línea son tan magníficamente teatrales, en el sentido de la sorpresa, que no podemos develar desde mi escritura.
Sobre la construcción del personaje a través del texto y el espacio, como el barrio donde podría haber vivido, Fabiana levanta imágenes espaciales que son de gran referencia para ella. Esos lugares los trae directamente de su memoria emotiva, personal, de su niñez en el barrio que habitó – conocido como La cruz de Carrasco- y que, desde entonces hasta hoy, fue y sigue siendo zona roja. En este sentido me importa destacar esa otra línea que borda la ficción con una realidad que salta desde los recuerdos marcantes. Esto sugiere que, más allá de los cuerpos ficcionales, el texto atraviesa muchos otros que debemos descubrir en el fino hilado entre el texto, la puesta y la representación.
La obra está en pleno proceso de pienso y creación. El estreno será en setiembre del 2026 en la sala 2 del Teatro Alianza.











